Episodio 40
Las fiestas de pueblo en España
Transcripción completa · 2.662 palabras · unos 18 min de audio
En esta serie hemos hablado de fiestas famosas, fiestas que salen en la televisión de medio mundo y a las que viene gente de Australia, Japón, Estados Unidos y todas las partes del mundo. Hoy vamos a hablar de todo lo contrario, vamos a hablar de las fiestas a las que no va nadie de fuera. Creo que es un contraste bastante curioso con respecto al episodio anterior.
Lo más curioso de todo, y esto es importante, es que estas fiestas a las que no viene nadie de fuera son casi todas las fiestas en España. En España hay más de 8.000 municipios y prácticamente todos tienen su fiesta. 8.000 fiestas al año y de esas el mundo conoce 4 o 5. Se llaman fiestas patronales porque son los días dedicados al patrón del pueblo, es decir, al santo que lo protege.
Cada pueblo tiene el suyo y cada pueblo celebra el día que le toca. Y aquí está quizás lo que quiero que entiendas hoy, porque es la idea central de este episodio. La fiesta española de verdad no es San Fermín ni Las Fallas como vimos en los episodios anteriores. La fiesta verdaderamente española es ésta, la de un pueblo pequeño en agosto que nadie conoce. Eso es lo que hace a España y es lo que hace que se diga que en España siempre hay una fiesta en algún pequeño lugar. Así que vamos a entrar en materia.
Vamos a empezar en un pueblo y no importa realmente cuál, porque como vimos hay miles y miles. Puede ser uno cerca de Valencia o cerca de Buñol, como vimos en el episodio anterior, o puede ser un pueblo del interior de Galicia o de la costa de Galicia, de donde soy yo, por ejemplo. Es un martes de febrero.
El pueblo tiene 300 habitantes y está, digamos, en el interior de España, entre campos, encinas, dehesas y todo ese vocabulario que vimos en los episodios anteriores. Hay una plaza con un árbol grande en el medio, una iglesia y un bar. El bar está cerrado, la panadería abre tres días a la semana y la escuela posiblemente cerró hace 20 años.
Si te quedas de pie en esa plaza a las 11 de la mañana, pueden pasar 20 minutos sin que veas a nadie. Y cuando por fin pasa alguien, casi seguro es una persona mayor. Ahora vamos a esa misma plaza, en ese mismo pueblo, el día 15 de agosto, más o menos.
Hay 2.000 personas, hay coches aparcados en las cunetas de la carretera, uno detrás de otro, durante un kilómetro. Hay niños corriendo, hay un escenario montado en un lado de la plaza, hay mesas larguísimas puestas en la calle, el bar lleva abierto desde las 8 de la mañana y posiblemente no vaya a cerrar hasta las 6 de la mañana o incluso más tarde. La pregunta de hoy es sencilla.
¿De dónde ha salido toda esta gente? Porque no son turistas, no hay ni un extranjero y en este pueblo de 300 habitantes en el que no hay un hotel ni un museo ni nada que ver han aparecido hoy 2.000 personas. Y la respuesta está en algo que pasó en España hace unos 70 años. Entre los años 50 y los años 70 del siglo XX, millones de españoles se fueron de los pueblos.
Fue una de las mayores mudanzas, si no la mayor mudanza, de la historia de este país. La gente del campo no tenía trabajo o tenía un trabajo durísimo y mal pagado. En las ciudades había fábricas, había sueldos y había, en general, mejor calidad de vida.
Se fueron a Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia y muchos se fueron todavía más lejos, a Alemania, Suiza, Francia, Bélgica y muchos otros países. Cientos de miles de españoles trabajando en fábricas de otros países mandando dinero a casa. Hubo aldeas enteras que se quedaron con cuatro vecinos y muchas se quedaron sin ninguno.
Ya vimos en el episodio del lobo lo que pasó después. Los campos se llenaron de monte y los animales volvieron a recuperar territorio. Hay una expresión que se usa hoy en España para hablar de todo esto y se llama la España vaciada.
De hecho, ya hemos hablado de la España vaciada en el episodio 9 de este podcast y te recomiendo que le eches un vistazo después de escuchar este episodio. Volviendo ahora a las personas que se marcharon, esta gente que se fue no se fue del todo, ya que volvían y volvían principalmente en agosto para las fiestas. Aquí está el mecanismo.
Las fiestas patronales son el motivo por el que la España vaciada se vuelve a llenar una semana al año y es el motivo, en cierta manera, por el cual no desaparece por completo. Son unos días en los que todos los que se fueron y sus hijos y sus nietos vuelven al mismo sitio a la vez. Por eso hay 2.000 personas en una plaza donde normalmente no hay nadie.
Y de aquí sale algo del idioma español que a los estudiantes, en algunos casos, les cuesta un poco entender. En España la gente dice mi pueblo. Quizás hayas estado en Madrid, hayas tenido conversaciones con españoles nativos y en algún momento hayan dicho mi pueblo en el medio de Madrid.
Y esto no significa necesariamente el sitio donde alguien vive ni siquiera el sitio donde alguien ha nacido. Cuando alguien dice mi pueblo significa el pueblo de su familia, el sitio de donde vinieron sus antepasados. Por eso en España te encontrarás con esto constantemente.
Una persona que ha nacido en Madrid, que ha vivido en Madrid toda su vida y que no piensa moverse de Madrid, pero te dirá con total naturalidad que su pueblo es un sitio de 200 habitantes en la provincia de Soria. Un pueblo donde posiblemente haya vivido muy poco, donde vaya dos semanas al año y que sin embargo es su pueblo. Ser de pueblo, que es una expresión con dos caras, a veces se ha usado para decir que alguien es poco moderno y en algunos casos fue considerada un insulto, pero hoy cada vez más se usa con orgullo.
Mucha gente joven dice yo soy de pueblo como si estuviera diciendo algo bueno. Y aquí hay algo que dice mucho de este país. Casi todos los españoles tienen un pueblo.
Aunque vivan en una ciudad de tres millones de personas, la gente se define en parte por un sitio pequeño del que se marchó su abuelo o sus padres hace unos cuantos años.
Vale, muy interesante todo esto, pero ahora vamos a ver cómo es una fiesta patronal por dentro, porque en toda España se parecen bastante. Duran normalmente entre 3 y 7 días y casi siempre son en verano, entre julio y septiembre, y ahora veremos por qué.
Empiezan en la mayoría de los casos con el pregón. El pregón es un discurso que se lee desde el balcón del ayuntamiento y que abre oficialmente las fiestas. Lo hace alguien del pueblo, alguien relacionado con el pueblo, un vecino mayor, un deportista que salió de allí o alguien que ha hecho algo importante. Y abajo en la plaza está todo el mundo escuchando.
Pero aquí hay que tener una cosa en cuenta. No todas las fiestas de pueblo empiezan con este discurso o siguen los pasos que voy a explicar ahora, ya que evidentemente es algo que depende mucho de cada pueblo y de cada región en la que se celebren.
Lo que sí se repite prácticamente en todas las fiestas es la misa y la procesión. Aquí se saca el santo a la calle y se lleva a hombros por todo el pueblo. Para mucha gente es el único momento religioso de la semana y para otros es simplemente lo que se hace siempre. Y las dos cosas conviven realmente sin ningún problema.
Otra cosa que se repite siempre, o por lo menos en todas las fiestas de pueblo en las que he estado yo, es la comida. En muchos pueblos hay una comida popular en la que se cocina para todo el mundo, una paella gigante o una caldereta, que es un guiso de carne cocinado en una olla enorme y se come en mesas puestas en la calle. Y también se reparte chocolate con churros de madrugada para la gente que aguanta despierta toda la noche.
Y también está la verbena. La verbena es quizás la parte más importante ya que es el baile de la noche. Se monta un escenario en la plaza y toca una orquesta hasta las 3, las 4 y te puedo decir incluso, por lo menos desde mi experiencia, que hasta las 5, 6, 7 o incluso 8 de la mañana. Depende muchísimo de la zona y la región en la que estemos. Pero sí, hay fiestas en España que acaban a las 8 de la mañana.
Y en estas fiestas baila todo el mundo, los jóvenes, los padres, los abuelos o incluso los niños dormidos en los brazos de alguien. Y aquí hay algo que casi nadie conoce fuera de España y que a mí me parece de lo más curioso que tiene este país. Las orquestas de verbena son un oficio de verdad.
¿Qué quiero decir con esto? Son grupos de músicos profesionales que se pasan el verano entero recorriendo pueblos. Cada noche tocan en uno distinto, duermen en el autobús, montan el escenario por la tarde, tocan 5 horas de madrugada, desmontan a las 6 de la mañana, conducen hasta el pueblo siguiente y así sucesivamente. Julio, agosto y septiembre enteros, en algunos casos.
En mi tierra, en Galicia, esto ha llegado a un extremo increíble. Las orquestas gallegas son enormes, llevan escenarios gigantes que se despliegan y se iluminan con luces, pantallas, humo y algunos tienen incluso forma de nave espacial. Son escenarios que costarían lo mismo que un concierto en un estadio y están montados en la plaza del pueblo de 500 habitantes. Y esto te prometo que es así tal y como te lo estoy contando.
Y por último están las peñas, que son algo de lo que hemos hablado en este podcast en algún momento. Son grupos de amigos que se organizan, tienen su nombre, su camiseta, su pañuelo y van juntos durante toda la semana.
La parte más importante es entender por qué esto significa mucho más de lo que parece. Para un pueblo pequeño la fiesta no es entretenimiento, es otra cosa. Es cuando el pueblo se ve entero.
Es el único momento del año en el que están todos, los que viven allí, los que se fueron a la ciudad, los que se fueron al extranjero, los hijos y los nietos de todos ellos. Una vez al año el pueblo completo existe. Es cuando los niños se conocen, los críos que viven en Madrid o en Barcelona conocen a sus primos en agosto, se hacen amigos de otros niños que también han venido y esos amigos de agosto duran toda la vida.
Se ven quizás una semana al año durante 20 años seguidos. Es cuando los mayores ven a los suyos y esto es probablemente lo más importante de todo. Hay abuelos que pasan el año esperando a que llegue agosto.
No esperan la fiesta sino que esperan a su gente y esto es lo que demuestra en cierta manera que el pueblo sigue vivo. Organizar unas fiestas cuesta trabajo, hay que recaudar dinero, contratar la orquesta, montar todo, cocinar para cientos de personas y eso lo hace un grupo de vecinos cada año. Y aquí está la parte más dura que también es real.
Hay pueblos en España donde las fiestas ya no se celebran, no porque nadie quiera sino porque no queda gente suficiente para organizarlas. Las generaciones que las hacían ya no están y ahora no queda nadie detrás. Y cuando un pueblo deja de celebrar sus fiestas pasa algo definitivo.
Un pueblo puede aguantar sin escuela, sin tienda y sin bar. Puede aguantar mucho tiempo así, pero cuando deja de hacer la fiesta es que ya no hay motivo para volver. Y si no hay motivo para volver, el pueblo se ha terminado de verdad.
La buena noticia es que, de la misma manera que hay fiestas que se pierden, hay muchas fiestas que también comienzan a recuperarse. Comienza a haber muchos jóvenes, sobre todo de las nuevas generaciones, que han empezado a traer de vuelta y a recuperar estas fiestas. Esto es importantísimo porque sin la gente joven no hay ambiente, no hay quien organice las fiestas y no se mantienen vivos los pequeños pueblos.
Esta es una idea que me escucharás repetir en muchas ocasiones en este podcast y es que la gente joven es importantísima para cualquier país o para cualquier sociedad. Por el momento yo me considero joven, o por lo menos creo que me puedo considerar joven ya que tengo 21 años, pero te aseguro que esto es algo que me escucharás repetir a pesar de que pasen los años.
Vamos a terminar donde empezamos.
Es el 16 de agosto y la fiesta acabó anoche. Por la mañana los coches empiezan a salir del pueblo, uno detrás de otro, hacia Madrid, hacia Barcelona, hacia Bilbao y en algunos casos hacia Alemania o hacia Suiza. Los niños van dormidos en el asiento de atrás, en el maletero llevan bolsas de comida que les ha dado la abuela y a mediodía la plaza ya está vacía.
Alguien ha barrido, han quitado el escenario, han recogido las mesas y a las 11 de la mañana del día siguiente, si te quedas de pie en esa plaza, pueden pasar 20 minutos sin que veas a nadie. El pueblo vuelve a tener 300 habitantes. Pero fíjate en una cosa, esas 2.000 personas que se han ido volverán al año que viene y al otro y al otro y sus hijos también probablemente.
Volverán a un sitio donde no viven, donde no trabajan y donde no tienen nada salvo una casa vieja y un montón de gente que se apellida como ellos. Por eso, en España cuando alguien dice mi pueblo, no siempre está hablando exactamente de un lugar, está hablando en algunos casos de una fecha.
Espero que te haya gustado este episodio.
Normalmente tengo unas notas o unos puntos anotados de los que quiero hablar en cada episodio, pero hoy, a decir verdad, he hablado casi por completo desde la experiencia o desde la memoria. Llevo muchos años asistiendo a estas fiestas, viendo cómo son y viendo también cómo los pueblos se llenan de gente en verano, sobre todo en Galicia, que es una comunidad en la que las personas se marcharon durante muchos años, muchos emigraron, y es donde vivo yo. Aprovecho también para decirte que las suscripciones a mi Patreon están finalmente abiertas.
Por el momento sólo hay dos niveles en los que encontrarás contenido extra e interactivo para profundizar en cada episodio. Cuestionarios, flashcards, listas de vocabulario, una comunidad de Discord y muchas cosas más que no me da tiempo a mencionar ahora. En un futuro llegarán también los episodios extra, pero por el momento aún estoy decidiendo cómo los estructuraré y cómo serán en general.
Si te gusta mi podcast y me quieres apoyar, creo que esta es la mejor manera sin lugar a dudas, ya que de esta manera podrás interactuar conmigo y con muchas otras personas que aprenden español. Por último, si me quieres apoyar de manera totalmente gratuita, siempre puedes compartir este episodio o el podcast con tus amigos o dejar una reseña de 5 estrellas desde Spotify o Apple Podcast. Esto es algo que me ayuda muchísimo a crecer y a que cada vez seamos más aprendiendo.
Dicho esto, creo que ya he hablado demasiado por hoy, así que como siempre me despido y nos veremos muy pronto la semana que viene.